miércoles, 4 de agosto de 2010

Carta a mi suegro


Estimado suegro:

Ante tus constantes objeciones respecto al trato excesivamente “cariñoso” que, según vos, suelo tener con tu hija, tus quejas a nuestras salidas nocturnas, siempre finalizadas a las cuatro de la madrugada por tus pretensiones de que “la nena” vuelva a dormir a casa (como si eso pudiera impedir que haga lo que se le de la gana en cualquier horario del día) he decidido enviarte esta misiva con el objetivo de pactar como caballeros un acuerdo tácito, diplomático, esclarecedor y no violento.

Ahora bien, y con todo el respeto del mundo que amerita un tipo de razonamiento cuadrado como el tuyo: yo no sé si sos pelotudo profesional, si tus caras de orto las hacés de hobby, si padecés agrandamiento testicular por alguna falla congénita, o si tantos años de vida marital te inflaron los huevos hasta el punto de volverte un tipo tan lleno de quejas airosas. A ver si nos entendemos: si, tengo sexo desenfrenado, lascivo y sudoríparo con tu nena; con ella he improvisado posturas sexuales acrobáticas que desafían las leyes de la física y exceden los márgenes del kamasutra por ser consideradas perversiones de lesa humanidad ¿y qué? ¿ vos te casaste virgen y nunca le tocaste una teta a tu señora? Vamos, suegrito, un poco de sinceridad… Sé que no te gusta ni medio que deje sustancias de pegajosa procedencia en el templo sagrado de concisas y aritméticas proporciones que tanto te ha costado construir, por eso es que pienso que deberían informarte mejor acerca de los constantes asedios y bombardeos que ha recibido tu ya profanada cuna de alegrías antes de la llegada de este supuesto bandido. Tené en cuenta que es mejor yerno conocido que macho de turno por nunca conocer ¿o acaso te pensabas que la nena satisfacía sus necesidades únicamente cuando estaba de novia o casada? Por este motivo, y para que no peques de ingenuo y me hagas padecer por tu pecado, pienso que sería justo, y demás tranquilizador, que no me satures las bolas más de la cuenta con respecto al afecto que demuestro y a la “excesiva confianza” que me arrogo para ir a donde quiera con tu hija, regresar a la hora que se me antoje y hacer lo que me parezca. Pienso que me he ganado determinadas libertades, algunos derechos, y un poco de confianza por ser el único gil, entre todos los príncipes de tu princesa, que se presentó formalmente en tu casa, vió la cara de ojete que ponías durante todos los esperables y nunca conseguidos domingos de tranquilidad, escuchó a tu mujer hablar, hablar, hablar, y hablar incansablemente, comió el mondongo y los riñones que cocinaba la abuela, se calló la boca y atragantó con la milanesa cada vez que el abuelo emitía un juicio repleto de humanidad como “Está bien que los militares hayan secuestrado bebés ¿qué, iban a matarlos y torturarlos como a los padres?”, se privó de irse de vacaciones con sus amigos para estar con tu hija y vos puedas tener el sexo que no tuviste durante todo el año con tu señora, cuidó a tu nena de buitres que sólo querían sexo ( sin ganárselo como yo), se esmeró en trabajar y estudiar para ofrecerle un futuro, y porque, por sobre todas las cosas va a ser el padre de tus nietos, el que haga tu sangre circular por la tierra cuando no estés.

Claro, los tiempos son otros: vos salías con tu novia sólo cuando su padre lo permitía, y siempre que estuviera bien vigilada, llegara a horarios irreprochables ante las miradas desconfiadas de los vecinos, y en estado indiscutible de sobriedad. Trabajabas todo el día, porque era imposible estudiar y sólo unos pocos vagos y privilegiados comunistas accedían a ese privilegio. Fuiste novio una vez que pediste permiso y hablaste con tu suegro (y eso que en su época los hijos no decidían con quien casarse, sino que eran los padres los que realizaban el acuerdo matrimonial, motivo por el cual uno debe estar agradecido ante tantas permisiones que a uno se le otorgan). A tu actual señora sólo la besaste en los labios pocas veces (sin lengua, claro está) y jamás se te hubiera ocurrido poner una palma sobre sus glúteos… mucho menos acariciarle una teta; ni hablar de sexo ¿prematrimonial? No, eso no existía. Los bebés que nacían de chicas de 14/15 años, que hacía dos meses jugaban con muñecas, eran producto de una unión avalada por sus padres, sana, moral e incuestionablemente religiosa. Si esas chicas concebían antes del matrimonio seguramente eran de poca monta, baja calaña, “atorrantitas”, o si eran hijas de una familia modelo, ella no había concebido por causas naturales: a su hijo lo habría traído la cigüeña en un arrebato kamikaze o por un aterrizaje de emergencia, o su bebé era producto del espíritu santo. No, el deseo sexual y el sexo sólo existían dentro del matrimonio y nunca por placer, el placer es malo. Sólo se tiene sexo para traer hijos al mundo.

Ahora bien ¿y si nos dejamos de mentir y hacemos a un lado las máscaras de hipocresía que ya no pueden convencer ni asustar siquiera a las nuevas generaciones de “infradotados sin sentido existencial adictos a la Playstation”? Si vos llegabas temprano, cosa que te habrá pesado y dolido como yunque encadenado a los huevos ¿por qué me hacés padecer lo mismo? Y no me vengas con que las calles están inseguras, que hay borrachos al volante, semáforos rotos, calles resbalosas, violadores en la esquina vestidos de Papá Noel, o patovicas violentos adictos a la creatina. Vos lo que no querés es que la ponga, y mucho tener que gastar guita en criar un nieto. Te tengo dos noticias. Primero, la pongo, y segundo, uso preservativo. Y te tengo una tercera ante tu probable y trillada objeción: me hago cargo si se pincha el globo y arruina la fiesta, porque a pesar de ser un estudiante comunista y maricón, que no usa pico y pala como vos, hombre fornido de frente sudada que trabaja de sol a sol mientras escucha fútbol por LU2 (mentira, ni siquiera eso: admití que viviste en una época donde existía la relación de dependencia de por vida con las empresas o que heredaste el negocio de tu viejo y te rascaste los huevos a tres manos, y dejémonos de joder), soy un tipo responsable que puede escribir un currículum y conseguir trabajo. Si los vecinos se enteran, mala leche (o muy buena, depende el punto de vista con el que miremos la llegada y efectiva distribución de los lácteos), total la generación chusma que vive de los demás no va a durar muchos años. Por otra parte, hoy en día la famosa “atorrantita” del barrio es una reconocida actriz, modelo, o “lolita” que se casa con un multimillonario jugador de fútbol, accede a todos los beneficios que la vida del gran mundo puede ofrecer, baila para Tinelli en el caño, es aplaudida por la sociedad, o trabaja como panelista en algún programa donde hace falta una descerebrada que sea linda para que haga el comentario pelotudo del día. Si, si, yo no soy jugador de fútbol ni multimillonario, pero seguro que me preferís a mi a tener que pagar un A.D.N o a de encima de ser el que mantiene, cría, y hace de padre de tu nieto

Por eso, querido suegro, las cosas no son tan malas como creías que eran. Deberías reconsiderar los beneficios que trae aparejado el hecho de tener un yerno en vez de ahuyentarlo con prohibiciones y caras de orto.